domingo, 15 de mayo de 2011

La carta de un misionero..

Os quería mostrar una carta de un misionero, compañero y amigo mio, del cual siento un gran aprecio y una gran envidia por la gran labor que esta realizando en Perú como misionero.
Acabo de llegar a una conclusión: soy un soñador.  Pero, ¿sabes qué? Me siento feliz.  Porque en mi vida he aprendido que soñar es el primer paso para cambiar la realidad.”
          Esta fue la primera frase que escuché cuando, recién aterrizado en Lima, me dispuse a conversar con uno de los chicos de la Casa Don Bosco de Breña.  Y podría decir que este pensamiento ha marcado significativamente mi estancia aquí. 
Pablo_Lpez_Francs_est_actualmente_en_Lima_Per._Trabajando_con_la_ONG_salesiana_Jvenes_y_desarrollo
          La acogida fue muy buena y la sentí llena de expectación.  Todos estaban esperando a que llegáramos para cenar y habían preparadas algunas pancartas y muchas palabras de bienvenida.  Fue un inicio emocionante para todos…  
          Los días que siguieron fueron incluso mejores. En ellos me dediqué a conocer la Comunidad de Acogida, su organización, su idiosincrasia, su cultura… Pero, por encima de todo, procuré conocer a todos los que componen esta Casa Don Bosco.  Pues un hogar no está construido por ladrillos o estructuras, sino más bien por las personas que le dan vida y calidez.
          Mis funciones y responsabilidades no eran otras que el acompañamiento, la presencia o el “estar”.  Pueden parecer tareas sencillas y quizá sin mucho valor.  Pero en este poco tiempo he podido descubrir que es una labor más complicada de lo que parece y de gran utilidad.
          Los chicos de la Casa son muy diferentes entre sí.  Hay una considerable diversidad en su procedencia, y, por ende, en sus perfiles y características.  Principalmente, vienen de la calle, de la sierra o de la selva.  Y sus situaciones, según su caso y entorno, son también variadas: problemas de adicción, abusos, maltrato, pandillas, pobreza... Tan solo hay algo que tienen todos ellos en común: son personas que pese a verse enfrentadas a innumerables e infranqueables obstáculos, tienen la voluntad de no rendirse y de atreverse a soñar con una vida mejor. Con ese único objetivo se hallan en este Hogar. 
          La Casa Don Bosco cuenta con un total de 5 etapas. Las dos primeras hacen referencia a procesos de acogida e inserción en el proyecto. Mientras que la tercera y la cuarta versan sobre los estudios de los jóvenes: ya sean básicos (primarios y secundarios) para los de la tercera etapa o estudios superiores para los de la cuarta.  La quinta fase, por su parte, pretende lograr la completa reinserción de estos jóvenes en la sociedad.  Se trata, pues, de un proceso de desarrollo integral que busca alumbrar y catalizar todas las potencialidades de estos chicos.
          Pero no todo es tan bonito.  La fragilidad de los sueños con frecuencia también se hace patente en este proyecto. Para el sustento de este Hogar se gastan un total de 35000 soles mensuales, es decir, de unos 10000 euros, aproximadamente.  Cuando me enteré de esto ni tan siquiera podía imaginarlo.  Sin embargo, resulta evidente.  Actualmente, aquí viven 70 jóvenes en riesgo social y, por lo tanto, se hace necesario asumir prácticamente la totalidad de sus gastos: comida, ropa, manutención, escolaridad, medicinas, etc.  Aún así, lo más sorprendente de todo, es que para conseguir esta cuantía la Casa sólo puede servirse  de las ayudas de padrinazgos y donaciones, pues el Estado no ayuda en nada.  Y, tanto unas como otras, en ocasiones, no son suficientes.
          Hay mucha gente soñando en este lugar: salesianos, voluntarios, educadores, colaboradores, padrinos, donantes… Y, especialmente, por encima de todos ellos, cada uno de los chicos que viven en este Hogar anhelando, imaginando, luchando por una vida mejor para ellos mismos y para las personas que más quieren. 
          El motivo de esta carta es sólo uno.  Simplemente me gustaría pedirte que soñaras con nosotros. Porque, como dijo Cora Weiss: “Cuando soñamos solos, sólo es un sueño. Pero, cuando soñamos juntos, el sueño puede convertirse en realidad”.
“Soñé que no existían cerrojos. Querría soñar que ya no existen puertas.”
Pablo López Francés. Voluntario de JYD en Lima, Perú
Pablo para mí  ha sido más que un monitor del cual aprender, a sido un amigo al que en ocasiones, le he contado mis problemas, y me ha intentado ayudar, es una grandísima  persona de la cual me siento super orgulloso y en ocasiones pienso por que no seguir sus pasos, e intentar también algo muy grande como está haciendo él allí.
Y desde aquí plantear una pregunta al lector:
¿ Usted sería capaz de dejar toda su vida, para irse a Perú como misionero y prestar la vida durante un año a los demás? 
XiMo*

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